lunes, 17 de diciembre de 2007

Otra Navidad con Tim Burton

Primera Toma Presenta:


Otra navidad con Tim Burton


Por Socorro González

Hablar del cine de Tim Burton es referirse a un universo de fantasía espectral, de personajes únicos, maravillosos y espeluznantes; universo romántico y gótico donde los límites entre lo maravilloso y lo real se desvanecen y se replantean como elementos paralelos, confundiéndose entre sí, generando ricas y diversas posibilidades en textos de una exquisita factura visual, llenos de riqueza narrativa y críticos trasfondos. Su obra, iniciada en pleno en el año de 1985 con Pee-Wee´s big adventure (La gran aventura de Pee-Wee, en nuestro país) hasta su más reciente filme Sweeney Todd, the demon barber of Fleet street, se consolida como una de las filmografías más insólitas en la historia del cine contemporáneo. Nacido en Burbank, California, Burton se caracterizó siempre por ser un tipo excéntrico, absorto y altamente imaginativo. Iniciado como dibujante y animador para Walt Disney Pictures, Burton realiza sus primeros trabajos en cine, de los cuales destacan los cortometrajes Vincent (1982) y Frankenweenie (1984), con tales títulos, el cineasta empezaba a dar muestra de su ingenio y descubría sutilmente su imaginario un tanto retorcido y con brochazos de negrura discursiva. En Disney, el joven Tim no tuvo mucho futuro ni resonancia, su principal colaboración, inacreditada, se dio en El zorro y el sabueso y fue mal vista por los ejecutivos, debido a que sus diseños “hacían ver a los personajes como animales muertos en la carretera” (con el paso del tiempo una virtud; mas que un defecto). Sin embargo es Beetlejuice (aquí, El superfantasma, E.U., 1988), historia protagonizada por Michael Keaton, Alec Baldwin y Gena Davis, el filme donde Burton da rienda suelta a su imaginación ya con mayor desenfado, creando una extraña galería de personajes, “humanos” y animados, que mucho hablaban de la riqueza imaginativa del joven cineasta. Con su siguiente filme, Batman (1989), Tim Burton se convertiría en una suerte de inspirador para muchos realizadores que, en determinado momento de sus carreras, optarían por la realización en celuloide de algún cómic famoso; sin embargo, son contados los productos en donde se ha logrado recrear e inclusive (como lo hizo Burton con sus dos cintas sobre el hombre murciélago) trascender las propuestas estéticas del cómic. Con ambas realizaciones, Batman y Batman returns (esta última, Batman regresa, E.U., 1992), que además de ser superproducciones contaban con un excelente reparto (Michael Keaton, Jack Nicholson y Kim Basinger, en la primera; el mismo Keaton, Danny de Vito, Michelle Pfeifer y Christopher Walken en la segunda), Burton conoció el éxito en taquilla y las fanáticas audiencias millonarias. Además, la crítica y el público conocedor, que no se conforma con la simple expectación, lo consideraban ya, apenas en su quinto largometraje, en la prestigiada categoría de autor. A tal caracterización contribuyó muchísimo el filme que el artista realiza entre sus versiones del (anti) héroe volador, Edward Scissorhands (en México, El joven manos de tijeras, E.U., 1990); para muchos, incluido un servidor, su obra maestra. Historia de gran belleza en todos sus sentidos, donde Burton dio una muestra de perfecto equilibrio narrativo. Aquí parecen resumirse todas sus inquietudes y preocupaciones; su imaginario (poblado siempre por personajes marginales, entes inadaptados, ajenos y absortos en su mundo marcado por ciertos traumas y frustraciones) se desborda en un nostálgico poema invernal de un romanticismo y genialidad insuperables. Con Edward Scissorhands, Burton se definió lapidariamente como uno de los últimos poetas fílmicos, poseedor de una gran e incisiva capacidad crítica, que se desliza y se adentra en el espectador mediante bellas e inquietantes alegorías. No en vano, la mayoría de sus historias (de abundantes metáforas) se ubican casi siempre en invierno, en la víspera o durante la temporada navideña; esa época donde todos los sentimientos se reconcilian y las adversidades se olvidan. Pero en el cineasta, este cronotopo adquiere otras dimensiones de dualidad; así, la frialdad literal del tiempo de nochebuena será el ámbito idóneo para que afloren los sentimientos más obscuros y siniestros en sus personajes antagónicos, caricaturas de una sociedad tan perversa como aristócrata (Burton y David Lynch parecen ir de la mano en cuanto a sus intereses críticos; sólo que en el primero todo encubierto tras el encanto de los cuentos de hadas; y en el segundo todo se descifra tras los códigos del thriller, muy mórbido y sórdido a veces y salpicado con constantes chorros de violencia). Será también el tiempo perfecto para la concepción de genialidades atmosféricas y escenarios de una majestuosidad artesanal, tan o más fascinantes que aquellas distorsiones expresionistas de Wïene, Murnau o Lang. Es en estos escenarios de gélida nostalgia donde Eduardo Manostijeras ha de enfrentarse a la dura pérdida de la inocencia y al destello del amor que se queda sólo en eso (expresado en una de las mejores secuencias que el cineasta ha logrado, aquella donde el pálido joven, un perfecto Jhonny Depp, esculpe figuras en el hielo); o donde Bruce Wayne ha de seguir combatiendo con los demonios de venganza que lo carcomen generándole dudosos ideales de justicia en Batman returns (con su escena memorable también, la posesión y resurrección de la torpe secretaria, posteriormente Gatúbela, realizada por los gatos, una emocionante lección de montaje). Es esta época el reino que Jack busca imitar con tanto entusiasmo en esa bella poesía animada que es The nigthmare before Christmas (1993); o la luminosa anunciación de que la maldición se ha ido junto a la insaciable sed de venganza y muerte del obscuro jinete en la escena final de Sleepy hollow -una verdadera joya expresionista, cuya fotografía estuvo a cargo del argentino Emmanuel Lubeski (sin duda en su obra maestra como fotógrafo), perfecta por donde se le vea-. Charly and the chocolate factory (2005) se construirá como eso, un “tierno” cuento navideño de dimensiones fantásticas y mágicas, donde las cínicas experiencias de cada niño con el inadaptado y vengativo Wonka será la lección a aprender de los adultos. Después de este filme, inspirado en una novela de Rohald Dhal, este demiurgo realiza Corpse bride (en México, El cadáver de la novia, E.U., 2005), filme ubicado también en la gélida estación. Aquí, el cineasta regresa a su querida animación, con un interesante relato de ultratumba, perfilado desde los códigos de la comedia negra y en el que describe las peripecias del protagonista que contrae matrimonio con un cadáver; una joya animada, un genial y grandioso trabajo de terribles y tiernas criaturas netamente Burtonianas. Actualmente, este artista prepara el estreno de su más reciente obra, Sweeney Todd, the demon barber of Fleet street, protagonizada por Jhonny Depp y Helena Bonham Carter, actual esposa de Burton. Basado en el musical de Broadway firmado por Stephen Sodheim, esta es la obscura historia de un joven (otra vez Depp) encarcelado injustamente y apartado de su bella mujer y su bebé, quien regresa, como si del mismo infierno se tratara, a cortar de un solo, certero y sangriento tajo las gargantas de todos aquellos responsables de su sufrimiento; convirtiéndose en un demonio cegado por la venganza que infunde el pánico a toda la población, acompañado por su espectral cómplice, la Sra. Lovett (Bonham Carter). El filme, clasificado R, al parecer por su explícita violencia, se estrenará en Norteamérica el 21 de diciembre; en nuestro país, Sweeney Todd se estará viendo por allá en el mes de febrero. Habrá que esperar esta obra de la cual ya se habla y genera ansiosa expectativa y cuyo trailler resume la obscura y arrogante belleza, tan característica en este cineasta, de una historia de injusticia, rencor y venganza ubicada, irónicamente, en la tan anhelada época navideña.

*Socorro González es Coordinador del Cine Club Primera Toma, A.C. desde 1996. socorro1977@gmail.com

1 comentario:

CadávEr Muerto dijo...

Tim Burton es Tim Burton.