viernes, 5 de diciembre de 2008

La maldición de la Flor Dorada (Zhang Yimou)

(Proyección PPE # 2)
El Cine Club Primera Toma, A.C., presenta en su Ciclo de Estreno, en El kiosco del Arte de La Plaza del Camarón (enfrente del Ayuntamiento de Puerto Peñasco), Blvd. Benito Juárez y Blvd. Fremont, Colonia Centro. Este martes, 11 de noviembre de 2008, en punto de las 8:30 p.m., la película:


La maldición de la Flor Dorada

(Zhang Yimou, China, 2006)



Retrato de familia, La maldición de la Flor Dorada, de Zhang Yimou

Por Socorro González

El ahora legendario cineasta chino Zhang Yimou nos presenta este su más reciente filme estrenado en nuestro país, La maldición de la Flor Dorada (2007). Autor de una sólida filmografía, en donde la mayoría de las veces ha reflexionado en torno a tormentosas relaciones amorosas (como lo son sus dos filmes más importantes, Sorgo Rojo y Amor Prohibido) Yimou es, ante todo, un depurado esteta en cada una de sus propuestas, algo muy común en el cine oriental, pero que no deja de sorprender. Con un fuerte sentido de la composición, sus historias son ante todo un espectáculo visual, un despliegue garantizado de fastuosidad y majestuosidad plástica, una encantadora poesía formal. La maldición de la Flor Dorada viene después de otros dos filmes igualmente sorprendentes, La casa de los cuchillos voladores (’05) y Héroe (’06) híbridos genéricos que bien combinan el cine de aventuras, el melodrama y el suspenso en un sorprendente trabajo coreográfico de artes marciales y peleas cuerpo a cuerpo.

En La maldición… Yimou retorna un poco más a sus orígenes anecdóticos desmembrando despiadadamente la historia de una familia imperial durante el reinado de la Dinastía Tang, en Beijing. Este núcleo poco a poco irá desmoronándose dolorosamente, en una repentina vorágine de tiranía, rencor y venganza. La madre (Li Gong) que ha sido envenenada durante diez largos años por su propio cónyuge (Chow Yu Fat), decidirá cuál será el momento preciso para cobrarle la factura a su sabio y nigromante esposo, y ese instante anhelado cobrará vida el día de la tradicional y esperada fiesta de los crisantemos dorados. Con estos sencillos elementos anecdóticos, Yimou construye un hermoso relato, pese a su marcada tonalidad trágica, donde todo se trastorna adquiriendo dimensiones insospechadas. La “solidez” familiar se derrumba y el delirio y la violencia se apoderan de la historia, que abruptamente se ha convertido en una sangrienta celebración que no resuelve nada y que sabe a locura. Con maestría, el cineasta chino nos adentra en un aniquilante y desquiciado melodrama, sin contemplación alguna, cada uno de sus protagonistas irán cayendo intoxicados por una diversidad de sentimientos encontrados y tremendos conflictos. La enfermiza lucha de poder emprendida entre la pareja protagonista se llevará entre los pies a sus tres hijos (y miles de soldados) con coreográfica, excelsa y sangrienta batalla final como telón de fondo, en un palacio saturado de belleza y esplendor. Yimou, haciendo alarde en su dominio de la cuestión fílmica (y con los mismos desplantes que demostró en la inauguración y clausura en las pasadas Olimpiadas de Beijing), construye un apasionado y delirante poema; rencoroso relato con una perspectiva no muy positiva de una realidad familiar que se ha ido al carajo por imposición de un padre (un excelente Chow Yu Fat) enfermo de poder y odio. La maldición de la Flor Dorada es la crónica de una destrucción humana; una vez más, su autor recurre a los amores tormentosos como puerta de entrada a un mundo regido por el hiriente rencor y el ardiente deseo de venganza; dura y pesimista visión del amoroso encanto de esposos ausente; virtuosismo formal de oriente, ya legendario pero refrescante siempre. Descarnado cuento cuyo perfecto desarrollo de dimensiones épicas se escribe con sangre y lágrimas.

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